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domingo, 3 de mayo de 2020

PLATERO


¿Sabías que hay un libro dedicado a un burro?

Pues sí. El libro se llama Platero y yo.  "Platero" es el nombre del burro y el libro lo escribió un gran escritor español, llamado Juan Ramón Jiménez. Fue Premio Nobel de Literatura, el premio más importante para los escritores, en 1956. Además, escribió muchas poesías. 


Juan Ramón nos cuenta en este libro sus aventuras con su burrito que le acompañaba a todos lados por su pueblo (Moguer, en Huelva, donde tiene una estatua en una plaza) y le quería mucho. 


Vamos a leer el principio del libro: aquí nos describe cómo es Platero. 


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...




Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

— Tiene acero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

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Antes de hacer las tareas puedes escuchar el texto completo para repasar lo que dice. Si quieres escucharlo puedes hacerlo aquí
ESCUCHAR LA LECTURA

Platero y yo (Mediateca de EducaMadrid)

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EJERCICIOS: (ya sabes, que NO es necesario copiar los enunciados. Solo poner la fecha, el título (PLATERO) y el número del ejercicio. 

1- Repasemos el vocabulario. Lo que no sepas, búscalo en el diccionario y cópialo en el cuaderno. 

azabache:
tibiamente (de manera tibia. Busca "tibio")
celestes: 
gualdas:
cascabeleo: 
(uvas) moscateles (está en plural, busca "moscatel").
ámbar:
higos morados, con su cristalina gotita de miel: esto no viene en el diccionario pero piensa mirando la foto que hay más abajo. 
despaciosos:


2- Con qué adjetivos califica Juan Ramón Jiménez a Platero:

Hay un total de 8 en todo el texto. Cópialos en el cuaderno.


3- El texto dice que "los hombres del campo" van los domingos "vestidos de limpio y despaciosos".  ¿Qué significa eso? Si los domingos van así ¿cómo van el resto de los días? ¿Por qué los domingos es un día especial para los hombres del campo?


4- Leyendo cómo habla Juan Ramón de su burro, ¿qué crees tú que siente por él?


5- Dice que "solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro"

¿Qué tienen que ver estas palabras, que en el texto están relacionadas?  ESPEJOS-CRISTAL (BRILLANTES) y AZABACHE, ESCARABAJOS, NEGROS.  Recuerda que está hablando de los ojos de Platero.

6- ¿Qué significa el final cuando pone que Platero "tiene acero y  plata de luna"? ¿A qué se refiere? Observa las fotos

Y no te olvides del nombre del burro:  "PLATERO" (algo tiene que ver)

7 TAREA VOLUNTARIA:  Platero era la mascota de Juan Ramón Jiménez. Si tú tienes mascota, descríbela con algunas frases, dinos cómo se llama, cómo es, qué sientes por ella, compárala con algo -igual que hace Juan Ramón con la luna y el acero, con el algodón, con el azabache o el cristal-.  Si no tienes  mascota, ¿cuál te gustaría tener ahora o cuando seas mayor?

sábado, 6 de diciembre de 2014

y yo me iré... POEMA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

ALBERTO nos recita un poema muy conocido de Juan Ramón Jiménez, el autor de Platero y Yo. Se titula El Viaje Definitivo.







Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

viernes, 12 de octubre de 2012

Platero cabalga de nuevo

Diego Pérez y Marta han elegido un capítulo de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, para recitar en clase.


Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

otro de nuestro amigo Juan Ramón


Beatriz nos recita un precioso poema de Juan Ramón Jiménez:  "Iba tocando mi flauta!
Iba tocando mi flauta
a lo largo de la orilla;
y la orilla era un reguero
de amarillas margaritas.
El campo cristaleaba
tras el temblor de la brisa;
para escucharme mejor
el agua se detenía.
Notas van y notas vienen,
la tarde fragante y lírica
iba, a compás de mi música,
dorando sus fantasías,
y a mi alrededor volaba,
en el agua y en la brisa,
un enjambre doble de
mariposas amarillas.
La ladera era de miel,
de oro encendido la viña,
de oro vago el raso leve
del jaral de flores níveas;
allá donde el claro arroyo
da en el río, se entreabría
un ocaso de esplendores
sobre el agua vespertina…
Mi flauta con sol lloraba
a lo largo de la orilla;
atrás quedaba un reguero
de amarillas margaritas…







jueves, 22 de diciembre de 2011

Poemas para Navidad: Recitamos

 FEDERICO GARCÍA LORCA

EL LAGARTO Y LA LAGARTA .    RECITA NOEL

El lagarto está llorando.

La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta

con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer

su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,

ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente

monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,

lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!

¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!,

¡ ay!, cómo están llorando!



EN LA MAÑANA VERDE.    RECITA:  PAULA MARTÍNEZ.

En la mañana verde,
quería ser corazón.
Corazón.
Y en la tarde madura
quería ser ruiseñor.
Ruiseñor.

Alma,
ponte color de naranja.
Alma,
ponte color de amor

En la mañana viva,
yo quería ser yo.
Corazón.

Y en la tarde caída
quería ser mi voz.
Ruiseñor.

¡Alma,
ponte color naranja!
¡Alma,
ponte color de amor!



MÁS RIMAS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

RECITA :   ARI
Sobre la falda tenía            


el libro abierto;
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros.
No veíamos las letras
ninguno creo;
mas guardábamos ambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró? Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento,
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Creación de Dante era el libro,
era su Infierno.
Cuando a él bajamos los ojos,
yo dije trémulo:
—¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?
Y ella respondió encendida:
—¡Ya lo comprendo!


Tú eras el huracán y yo la alta    RECITA:  FRANCISCO


torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!...
¡No pudo ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!



Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las hurís del Profeta.
El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera.
Entre sus siete colores
brillante el Iris lo ostenta.
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del océano,
y el laurel de los poetas.


Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta,
en que el carmín de los pétalos
se ve a través de las perlas.
              Y sin embargo,
              sé que te quejas,
              porque tus ojos
              crees que la afean.
              Pues no lo creas.
Que parecen sus pupilas
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro
que al soplo del aire tiemblan.


Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta,
que en el estío convida
a apagar la sed en ella.
              Y sin embargo,
              sé que te quejas
              porque tus ojos
              crees que la afean.
              Pues no lo creas.
Que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas.


Es tu frente que corona
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cumbre en que el día
su postrera luz refleja.
              Y sin embargo,
              sé que te quejas
              porque tus ojos
              crees que la afean.
              Pues no lo creas.
Que entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan.
Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
quizás si negros o azules
se tornasen, lo sintieras.



ROMANCE DEL DUERO, DE GERARDO DIEGO
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quien pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.



Otra versión en vídeo

TRES  POEMAS DE  ANTONIO MACHADO
HASTÍO    RECITA: ALBA


Pasan las horas de hastío
por la estancia familiar
el amplio cuarto sombrío
donde yo empecé a soñar.
Del reloj arrinconado,
que en la penumbra clarea,
el tictac acompasado
odiosamente golpea.
Dice la monotonía
del agua clara al caer:
un día es como otro día;
hoy es lo mismo que ayer.
Cae la tarde. El viento agita
el parque mustio y dorado...
¡Qué largamente ha llorado
toda la fronda marchita!


SOÑÉ QUE TÚ ME LLEVABAS,   recita:  ROBERTO



Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
  Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!.



A UN OLMO SECO




POEMAS  DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

El viaje definitivo,    recita: Olayo


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
     
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,      
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…
     
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.





Llueve sobre el campo verde,  recita: Andrea



Llueve sobre el campo verde...
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de noviembre
es de pálidos diamantes.

Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso,
más idílico que antes.

Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.

Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas,
de sedas y de cristales...

¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales.

viernes, 2 de diciembre de 2011

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

A Juan Ramón Jiménez ya le conocemos.Rubén y Roberto han escrito en el blog "Encantado de conocerle" una entrada sobre este famoso escritor español y en Lenguaweb, en el apartado Rincón de la Poesía, hay muchos enlaces para poder conocer su biografía y leer algunas obras.

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Uno de los libros más conocidos de JRJ es Platero y yo. Rubén nos presenta a Platero:

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.